miércoles, 10 de agosto de 2016

Cómo científicos militares de EE.UU. evitaron una posible guerra nuclear con la URSS en 1967


Una fuerte tormenta solar en el punto álgido de la Guerra Fría sacó fuera de servicio a radares y sistemas de radiocomunicación, y estuvo a punto de desencadenar un nuevo conflicto bélico a gran escala.

El 23 de mayo de 1967, la Fuerza Aérea de EE.UU. se preparó para una guerra y estuvo a punto de enviar sus aviones de combate hacia la URSS, cuando los radares de vigilancia estadounidenses, ubicados en regiones polares, quedaron fuera de servicio. Especialistas en pronósticos meteorológicos espaciales en la esfera militar hicieron una gran aportación para evitar un potencial intercambio de armas nucleares entre EE.UU. y la URSS. Esto fue al enterarse de que la causa de los fallos técnicos en los radares y sistemas de radiocomunicación era una tormenta solar y no un ataque por parte de la Unión Soviética como pensaban los militares, informa la Unión Geofísica Americana (AGU, por sus siglas en inglés).

El estudio dedicado a estos sucesos ha sido aceptado para la publicación en la revista 'Space Weather', de la Unión Geofísica Americana, y describe en detalle cómo la tormenta solar de mayo de 1967 afectó a los sistemas de radiocomunicación estadounidenses, generando una gran tensión entre los militares. En la elaboración del estudio han participado oficiales retirados de la Fuerza Aérea de EE.UU.


Un plano de tres instalaciones BMEWS (la Estación de la Fuerza Aérea Clear en Alaska, la base aérea de Thule en Groenlandia y la estación Fylingdales en el Reino Unido) y dos sistemas PAVE PAWS (la base aérea de Beale en California y la Estación de la Fuerza Aérea Cape Cod en Massachusetts).U.S. government

La erupción solar, que comenzó el 23 de mayo, afectó al funcionamiento de radares en tres sistemas de detección de misiles balísticos Ballistic Missile Early Warning System (BMEWS) situados en el hemisferio norte. El ataque contra estos sistemas era considerado un acto de guerra. La tormenta geomagnética, que empezó 40 horas después de la erupción solar, siguió afectando a la radiocomunicación de EE.UU. durante una semana y fue tan potente que la aurora boreal, que suele aparecer en el círculo polar ártico, se hizo visible incluso en Nuevo México, un estado sureño del país.

"Si no fuera por las inversiones en etapas tempranas en la observación y predicción de tormentas solares y geomagnéticas, el impacto [de la tormenta] podría haber sido mucho más grande. Fue una lección aprendida sobre la importancia de estar preparado", ha comentado Delores Knipp, una física espacial de la Universidad de Colorado en Boulder (EE.UU.) quien lideró la investigación.

RT

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