martes, 12 de marzo de 2019

"Una bolsa de agua corrosiva": alertan de cambios en cascada en el ecosistema antártico debido al CO2

"Una bolsa de agua corrosiva": alertan de cambios en cascada en el ecosistema antártico debido al CO2
Imagen ilustrativa Pauline Askin / Reuters

Las aguas de la Antártida son especialmente vulnerables a la acidificación, ya que en las áreas más frías aumenta la solubilidad del dióxido de carbono.

La acidificación de las aguas del océano Antártico para finales del siglo puede causar un "impacto generalizado" en la salud de varios organismos marinos y provocar cambios en cascada en los ecosistemas oceánicos. A estas conclusiones han llegado los autores de un nuevo estudio publicado en la revista Nature Climate Change este 11 de marzo.

Los investigadores han explicado que la acidificación de las aguas se produce cuando los océanos absorben el dióxido de carbono atmosférico creado por la quema de combustibles fósiles. Con ello, el dióxido de carbono altera la química del agua disminuyendo su pH, de manera que las aguas más ácidas disponen de menos carbonato, el material que microorganismos como los corales y pterópodos utilizan para construir sus conchas.

La coautora de la investigación, Nicole Lovenduski, del Instituto de Investigaciones Árticas y Alpinas de la Universidad de Colorado (EE.UU.), ha advertido de que "en el futuro una bolsa de agua corrosiva se asentará justo debajo de la superficie, lo que dificultará la vida de estas comunidades, principalmente de organismos que habitan en la superficie".

"Estos organismos calcificantes" tendrán que luchar para "construir y mantener sus conchas a medida que avanza la acidificación", sostiene.

Es "inevitable"


Las aguas del océano Antártico son especialmente vulnerables a la acidificación, ya que en las áreas más frías aumenta la solubilidad del CO2. Según los modelos de la investigación, si las tasas de emisión de dióxido de carbono siguen al ritmo actual, la línea de las aguas ácidas podría subir a una profundidad de solo 83 metros para el año 2100, en comparación con la media de 1.000 metros en la que se encuentra actualmente. Esto supone una reducción drástica del hábitat de varios organismos con concha.

Esta alteración podría afectar gravemente las redes alimentarias marinas y causar cambios en cascada en los ecosistemas oceánicos, sin descartar que lo hagan también en las más vitales pesquerías del planeta. Al mismo tiempo, Lovenduski asevera que, incluso "si las emisiones disminuyeran mañana", la aparición de este horizonte poco profundo se retrasaría, pero no se evitaría. "Y esa inevitabilidad, junto con la falta de tiempo para que los organismos se adapten, es lo más preocupante", ha concluido la científica.

RT
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