lunes, 14 de diciembre de 2020

Vacunas para COVID-19 servirán de trampolín para curar el cáncer

La vacuna para la COVID-19 empezará a ser distribuida en varios países del mundo en diciembre y enero.

Las primeras vacunas para la COVID-19, además de ser un hito en la lucha contra la pandemia, podrían ser un trampolín para tecnologías que curaran el cáncer.

Las primeras vacunas creadas para la COVID-19 no son solo un hito en la lucha contra la pandemia del nuevo coronavirus, también son el trampolín para una tecnología poco convencional que algún día podría vencer otras dolencias que han eludido a los médicos, desde el cáncer hasta las enfermedades cardíacas.

La vacuna de Moderna y la de Pfizer y BioNTech utilizan material genético llamado ARN mensajero para transformar eficazmente las propias células del cuerpo en fábricas de vacunas. El enfoque nunca se había utilizado fuera de los experimentos clínicos, y lo bien que funcionó contra el coronavirus sorprendió incluso a algunos de sus patrocinadores más entusiastas.

Estas vacunas sirven, pues, de trampolín para una tecnología poco convencional que algún día podría vencer otras dolencias, desde el cáncer hasta las enfermedades cardíacas, según los médicos.

Ahora, con una vacuna que obtuvo la aprobación de Estados Unidos y otra muy cerca de obtenerla, el combate contra la pandemia podría abrir un campo completamente nuevo de la medicina.

“Ahora estamos entrando en la era de la terapéutica del ARN mensajero”, dijo Derrick Rossi, un exbiólogo de células madre de la Universidad de Harvard que ayudó a fundar Moderna en 2010. “El mundo entero ha visto esto. Va a haber una mayor inversión y mayores recursos”.

De alguna manera, la pandemia global ha sido el campo de pruebas perfecto para la nueva tecnología, ya que las empresas con mucho dinero, incluido Pfizer, estuvieron más dispuestos a correr riesgos. Pero el esfuerzo solo fue posible porque BioNTech y Moderna habían trabajado en ARN mensajero durante años.

La tecnología instruye células para producir cualquier tipo de proteína, transformándolas en pequeñas líneas de producción de medicamentos o vacunas. Un gran inconveniente es que el ARN mensajero es frágil y debe llegar a las células antes de que el cuerpo lo descomponga. En la vacuna contra el coronavirus, eso se hace usando una forma modificada de ARNm y recubriéndolo con nanopartículas grasas.

El director ejecutivo de BioNTech, Ugur Sahin, comenzó a estudiar la tecnología en el cáncer hace unas dos décadas con su esposa Ozlem Tureci, inmunóloga que cofundó la empresa. Sahin dice que sus equipos pudieron avanzar rápidamente en el proyecto COVID aprovechando lo que habían aprendido del desarrollo de vacunas contra el cáncer. La capacidad resultante de evaluar a varios candidatos en paralelo fue “realmente hermosa”, dijo Sahin en una entrevista.

El campo del cáncer podría ver sus primeras aprobaciones de fármacos de ARN mensajero en dos o tres años, según Sahin. Mientras tanto, Rossi predice que prácticamente todas las vacunas contra las enfermedades infecciosas utilizarán esta tecnología en una o dos décadas, en parte porque es mucho más rápida y barata. El científico todavía posee acciones de Moderna, pero ya no está afiliado a la empresa.

hispantv
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